Diario de un Mosquito

viernes, 29 de abril de 2016

Destino Mármara 5 (Estambul a Göreme)


Este capitulo del diario ha sido publicada en la revista de viajes
Si puedes, pica en el enlace para entrar en el relato y
comenta que te ha parecido el relato en la web de la revista, gracias.



Nos levantamos temprano y bajamos a desayunar. Hoy tendremos un día largo en moto. La idea es acercarnos lo máximo que nos sea posible a la Capadocia. Si nos pegáramos la paliza y fuésemos por autovía, llegaríamos esta noche, pero la idea es llegar hasta allí por carreteras secundarias, así que no creo que lleguemos a mas de la mitad del camino.

Antes de salir, compramos en el almacén un pan grande de pita, algunas galletas y agua para el camino. Lo repartimos en las motos y salimos con las motos en dirección a Santa Sofía y la Mezquita Azul. Queremos hacernos unas fotos con la moto en este lugar.

Al acercarnos, llegamos a una zona donde solo pueden circular los vehículos autorizados, paramos para ver que hacemos y en esto, que uno de un camión que está descargando cosas, nos hace señales para que sigamos, pues nada... “pa´lance”. Pasamos por la puerta de entrada a la mezquita Azul y en la esquina vemos a un policía, junto en la calle por donde nos queremos meter, que para colmo es dirección prohibida. Nos acercamos al agente a preguntar por si acaso.


- “¿Podemos meternos por aquí, en dirección contraria, con la moto para hacernos una foto? Solo será un minuto” 

El policía nos mira y nos hace gestos para que nos metamos, así que nada, con permiso de la autoridad, nos metemos en dirección prohibida, esquivando autobuses de turistas, para colocarnos entre las dos mezquitas.


Mientras nos hacemos nuestro particular reportaje de fotos, algunos curiosos se acercan a hablar con nosotros y a pedirnos que nos hagamos fotos con ellos y la moto: Un argentino con una Vstrom igual que la de Javi, un matrimonio Pakistaní, que celebraban sus bodas de oro en Estambul, una pareja de japoneses, una excursión de chavales de no se donde, etc.




Tras la fotos de rigor con las motos en la mezquita Azul y Santa Sofía, abandonamos la ciudad, no sin antes callejear un poco en un tráfico de locos, donde las normas de circulación son una simple anécdota. Conseguimos llegar al puente que separa ambos continentes. Lo cruzamos entrando oficialmente en Asia y nos alejamos de la ciudad.

Salimos de Estambul por una autovía y cuando ya consideramos que estamos alejados de la civilización, decidimos meternos por la primera salida que encontramos y seguir por carreteras rurales, a ver donde terminamos.

Llegamos a una zona donde hay un Parque Natural con una carretera sinuosa que se mete entre las montañas, decidimos tirar por aquí. El paisaje es muy bonito y está todo arbolado. Aunque hace calor, con la sombra de los árboles no se nota tanto. La carretera está en mal estado pero se va bien. Hacemos una parada para comer, nos hacemos unos bocadillos de chorizo y seguimos el viaje.




A los pocos kilómetros dejamos atrás la parte arbolada y llegamos a una zona de obras, están alquitranando la carretera. Vamos frenando para preguntar al operario que vía alternativa tenemos que pillar, pero antes de detenernos, el muchacho nos hace señales para que continuemos… ¡¡por encima del alquitrán recién puesto!!.
Pues nada... a joderos la carretera se ha dicho. Comienza a saltar gravilla, a apestar a petroleo y notamos en las piernas el calor que desprende la carretera recién alquitranada. Está la cosa como para caerse aquí. Recorremos varios kilómetros así hasta que la carretera desaparece y se convierte en una pista de tierra y piedras, que recorremos durante más de 15 kilómetros.

Volvemos a salir a una carretera asfaltada y llegamos a un diminuto pueblo, paramos a echar gasolina en la entrada de este.

     -“Vamos a parar a tomar algo, que estoy muerto de sed y de paso descansamos el culo 5 minutos”
     - “Vale, nos metemos en el pueblo y nos sentamos en cualquier sitio”.

Entramos en el pueblo, y nada más hacerlo paramos en un cruce y nos grita un señor desde la puerta de una tienda: -“¿té? Queréis un té?” y hace gestos para que bajemos de las motos.

Nos bajamos y el señor nos dice que nos sentemos en una mesa que hay junto a su tienda, en la que ya hay un muchacho sentado, nos acercan unas sillas y nos sentamos, mientras él agarra otra silla y se sienta con nosotros.

     Javi: “Nos tomamos un te 10 minutos y nos vamos...eh”
     Manuel: - “Jajaja, eso no te lo crees ni tu, aquí nos tendrán liados una hora...ya verás”



A los pocos segundos aparece un muchacho con 3 vasos de te, nuestro anfitrión saca unas galletas y comienza la charla mezclando idiomas, gestos y sonidos. Poco a poco se va uniendo a la mesa la gente del pueblo. Llega un momento que le dicen algo al anfitrión, se levanta, se asoma a la esquina y grita a voces:“Doctor, españoles”, y se une a la mesa el médico del pueblo, un señor con pinta de estar a punto de jubilarse que chapurrea algo de ingles.

“¿De donde sois?,¿cual es vuestra profesión?, ¿a donde vais?,¿por donde habéis venido?, ¿cuanto cuestan las motos?,¿como es la situación económica de España?,¿cual es el sueldo medio de España?,¿es verdad que hay crisis como en Grecia?, etc.

Siempre que paramos, suelen ser las mismas preguntas. Todo el mundo quiere saber que hay al otro lado de su frontera y como está la cosa. 

Ya llevamos media hora de conversación y dos vasos de té por cabeza. Creo que hay mas gente en nuestra mesa que en el resto del pueblo. Nos presentan al panadero, un chico joven que tras la presentación se marcha y regresa a los pocos minutos con un gran pan recién hecho, para que comamos y nos lo llevemos para el camino.

Nos explican por donde tenemos que seguir el camino y hasta nos pintan un mapa. Entre una cosa y otra se nos ha hecho demasiado tarde y tenemos que marcharnos, que como sigamos aquí más, corremos el riesgo de que nos obliguen a quedarnos aquí a dormir y nos casen con su nieta. Explicamos que tenemos que seguir la ruta, le decimos que cuanto tenemos que pagar por el té y el pan. Nos dicen que nada, que estamos invitados (hospitalidad turca) nos despedimos de esta gente tan amable y seguimos nuestro camino.


Salimos del pueblo, avanzamos unos kilómetros por una carretera estrecha hasta llegar a una aldea fantasma, las casas son de madera viejas, mal conservadas y aunque se observa un mínimo de señales de civilización, no hay nadie por la calle, ni personas ni animales. Pasamos de largo este lugar, continuamos el viaje y al llegar a un cruce de carreteras paramos para decidir que hacemos.

Al parar vemos que tenemos lleno del alquitrán y gravilla los baúles, muchas piezas de la moto y para colmo, la matrícula no se ve. Con agua y toallitas húmedas limpiamos un poco lo que podemos (la matrícula, la cerradura de los baúles y top case, y poco más). Por la hora que es decidimos ir hasta Polatle, es la ciudad o pueblo grande más cercano y no queda muy lejos, suponemos que en un par de horas máximo llegaremos, aunque iremos mirando si hay algún sitio para acampar.

El camino hasta Polatle no tiene nada que destacar, solo carretera, campos sembrados y escasos árboles. Lo que es la “Ley de Murphy”, ha sido decir lo de acampar y desaparecer los árboles, montañas o cualquier cosa donde podamos plantar la tienda discretamente.


A la salida de un pueblo vemos un río y una zona arbolada con muy buena pinta. Nos acercamos para ver si podemos plantar allí las tiendas pero, al parar la moto y abrir la pantalla del casco: - “¡¡Pppppfff... killooo, que pestazoooo”. El agua del río apesta tela, es inaguantable. Nuestro gozo en un pozo.


Seguimos el viaje durante unos kilómetros más hasta llegar a la ciudad.
Nada mas entrar, preguntamos a un peatón pos un sitio barato para dormir. Lo hacemos en ingles y este nos suelta una retaila en turco, el señor es muy amable y nos repite las cosas un par de veces para que nos enteremos bien, pero claro...en turco.


     - “...Que? Te has enterado...no, Manuel?”
     - “Aaaaro...muy clarito todo, po ná...pa´lante que seguimos”


Callejeando y preguntando llegamos a un hotel y nada mas parar junto a la acera, sale el muchacho para decirnos si buscamos habitaciones, le decimos que si, pero algo barato, que no tenemos dinero. Nos contesta: “ok, ok....buen precio y buena habitación”

Entramos y dos ofrece dos opciones: la primera, la más barata, es una estrecha habitación en la que hay un baño y dos camas pequeñas, si soltamos las bolsas y las cosas dentro, casi no cabríamos y Javi, seguramente con lo largo que es, le asomarían los pies por el borde de la cama. La segunda opción es una mas grande, son dos habitaciones independientes dentro de una, cada una con una cama grande, un baño común y mucho mas espacio. La diferencia al cambio serían unos 4 euros más... Pillamos la grande. Ya de paso le preguntamos si tienen cerveza y nos dicen que si, en el minibar hay cervezas....¡olé que arte!


Soltamos los tiestos, nos pegamos una ducha, lavamos la ropa y la tendemos en la ventana y nos bajamos a estirar las piernas y dar una vuelta.

Cenamos en una especie de restaurante de comida rápida turca. Mientras esperamos que nos traigan la bebida y los platos que hemos pedido, veo que hay un pequeño bote de cristal con una especie de pepinillos en algún tipo de líquido. Me decido probar uno, pillo el más grande y… ¡¡Jooooder!! “me cago en tó”, esto pica que te cagas y encima no tengo nada de beber.
Justo en ese instante, me acordé de lo que me hizo mi amigo Ati en nuestro viaje a Mongolia, en un restaurante en Hungría, así que me decidí hacerle esa novatada a Javi, repitiendo la misma putada(que no broma).

     - “Mmmmm....killo, que rico está esto, está así como dulzón”

Todo esto, hablándole con cara normal, aguantando el picor, el quemazón de la lengua y tratando de evitar que se me saliesen dos lagrimones como dos castillos.

     - “¿Sí? ¿En serio?,Voy a probar...
     - “Pilla, pilla... pero ese tozo no, pillate el grande”
     - “Manueeeee, me cago en tu pm. Diooooos como picaaa, joder y sin agua para beber”

Y allí estábamos los dos, como dos carajotes con la boca escozida, la lengua ardiendo y con los lagrimones saltados. Tela de jodidos sin nada que beber y llorando de risa por la situación.


A los pocos minutos, apareció nuestra salvación a modo de camarera dejándonos en la mesa, una botella de agua y unos refrescos. Mas tarde, trajo los platos de la comida que devoramos junto con algunos de esos pepinillos en poco tiempo. Con el estómago lleno, nos fuimos de vuelta al hotel a tomar algo en la terracita que tienen.

Esta ciudad aunque es musulmana, se ve mas abierta y hay muchachas por la noche tomando algo en las terrazas, cosa que nos llamó la atención, tanto esto como que los grupos de gente eran de hombres o de mujeres, no se mezclaban, cosas de otras culturas, ellos se lo pierden.

Llegamos a la terraza y viene al recibirnos el mismo que nos atendió en el hotel, le preguntamos si podemos tomar una cerveza y nos dice que si pero, que tenemos que tomarla dentro en la parte de arriba de la terraza. Vale, no hay problema. Subimos la escalera y nos sentamos junto a los amplios ventanales observando la plaza, se acerca el muchacho y nos trae las cervezas servidas en dos vasos de plástico de medio litro de una conocida marca de refrescos. Nos explica que es para que la gente no vea que hay cerveza y evitar problemas.


Nos tomamos un par de cervezas, la tercera no la pedimos para evitarle quebraderos de cabeza al muchacho, nos fuimos a la habitación a tomar la última y a dormir.

Nos levantamos temprano, desayunamos y salimos dirección a Capadocia, continuando nuestro viaje por carreteras secundarias. De camino a este lugar está el lago salado de Tüz Golü, así que pararemos a hacerle una visita y sacar algunas fotos.

Atravesamos un pequeño pueblo, seguimos la carretera y llegamos a un cruce. Como no sabemos donde ir, sacamos el mapa para orientarnos.

     -“ Manuel ¿a la derecha o la izquierda?”
     - “Mmmmm.......pues ni idea”

     - “Tu dirás para donde, mira a ver”
     - “Tio, ni puta idea... vamos es que no se ni donde estamos”
     - “Pero que dices....”
     - “A ver, estamos mas o menos aquí.....”
     - “¿Pero si aquí no hay carreteras?
     - “Por eso te digo.... que esta carretera no sale en el mapa”
     - “¿Qué dices? Como no va a salir? A ver... Anda, pues es verdad”


El lugar donde estamos lo tenemos mas o menos ubicado por unas montañas y por el pueblo que pasados anteriormente, pero ahora estamos en un cruce una carretera que “no existe” y venimos por una, que tampoco “existe”. Miramos y remiramos el mapa, y a los pocos segundos damos respuesta a este misterio.

     - “Jajajaja” (ataque de risa). Javi, mira la fecha del mapa… es de 1996".
     - "Jajajajaja......normal que no salga la carretera, aún no la habrían hecho”



     (Mejor no preguntar de donde hemos sacado el mapa de Turquía).

Una vez averiguado el misterio de la carretera, tenemos que valorar a donde ir. Decidimos elegir la ruta de una forma científica, siguiendo los criterios lógicos mas sensatos, por lo que aplicamos un sistema que ya empleaban los viajeros en la antigua Grecia: Miramos la orientación de las montañas, observamos la inclinación de los árboles para saber la dirección del viento predominante, y ... 

- “Cara a la izquierda, cruz a la derecha”
- “Ha salido cara...!! tiramos a la izquierda.

Nos ponemos los guantes mientras vemos que se acerca un tractor, al llegar a nuestra altura se para y nos pregunta que a donde vamos, le decimos donde queremos ir y efectivamente... ¡¡es por la izquierda!!


- “Ves como el sistema este nunca falla, jajaja”
- “Ya veo ya, eficacia al 100%, no falla, no falla”



Entre una cosa y otra, conseguimos llegar a la carretera que bordea el lago, justo cuando se me enciende la luz de reserva de gasolina. La carretera es de 4 carriles, dos para cada sentido, y hay mucho tráfico, sobre todo de camiones. Paramos en la primera que vemos, sale el gasolinero y nos dice que no, que solo es gasolina para tractores y camiones. A lo lejos se ve otra, así que probaremos allí. Llegamos a esta y lo mismo, es gasolina para camiones o tractores, no tienen 95. Pfff...menuda putada. Pues nada, seguimos hasta la siguiente. En esta zona se ve que hay muchas gasolineras, pero en todas nos dicen lo mismo.

Vemos un acceso a la orilla del lago y decidimos bajar para sacar una fotos. Aparcamos las motos, nos acercamos caminando y nos metemos dentro de al parte seca del lago. La superficie seca tiene una capa superior dura, mezcla de tierra y sal, bajo esta ya hay barro. La capa seca será de unos 2 ó 3 dedos de grosor y vemos rodadas de vehículos por dentro del lago salado. Así que nos miramos y decimos: - “¿nos metemos dentro con las motos?”

No hay más que hablar, dicho y hecho. Subimos a por las motos y decidimos meternos en el lago para recorrer su interior (la parte seca) y de paso sacar alguna foto, que seguro que sale alguna chula.

Entramos sin problemas y comenzamos a circular dirigiéndonos al interior del lago. Parece que la capa seca resiste, vamos perdiendo el miedo a quedarnos pillados y continuamos avanzando haciendo círculos y alejándonos de la orilla. Llega un momento en el que vemos que las ruedas comienzan a enterrarse un poco, así que por prudencia decidimos dar la vuelta, pero antes nos haremos unas fotos.




Paro la moto, le coloco la pata y hay suerte, se hunde un poco en el barro pero aguanta, me bajo y veo que sin problemas aguanta el peso y no se cae. Javi hace la misma operación, pero al poner la pata se le hunde en el barro y comienza a volcarse la moto, su pata hace que quede más inclinada la moto que la mía, por lo que la gravedad hace su trabajo. Tras varios intentos vemos que es imposible.

Le sujeto la moto mientras se baja y se hace la fotos aguantando la moto, ya que si la suelta, se le hunde y se le caerá. Como esto ocurra no quiero ni pensar la que liaremos para levantarla. Hacemos una sesión de fotos y en una de estas, me acerco a mi moto, que en todo momento ha estado en un perfecto equilibrio, y cuando estoy a escasos dos metros de esta veo como comienza a moverse y a volcarse. Se ve que el barro seco no ha aguantado mas. Pego una carrera y me da tiempo llegar a lo justo para que la moto no caiga completamente y la aguantar la moto en peso, sin que el manillar llegue a tocar el suelo.




Ahora estamos en una situación de esas absurdas... estoy aguantando la moto en peso, a duras penas, haciendo palanca con la rodilla y resto del cuerpo, si termina de caerse y el manillar se clava en el barro, no podré sacarla yo solo con todo el peso que tiene.
Mientras, Javi está escasos 5 metros, sujetando su moto, sin poder ayudarme, ya que si la suelta, la suya también irá al suelo y estaríamos los dos en la misma situación…  
¡¡EA!!, esto nos pasa por listos.

Me giro como puedo, pongo mi espalda contra el sillín, y con dificultad consigo levantar la moto..... pppfffff. Con la pierna le quito los pegotes de barro a la pata, la muevo unos metros y la coloco despacio, hay suerte y se aguanta. Cojo un poco de aire y descanso unos segundos.

     - “Como que nos vamos saliendo ya del lago, no?...nos hacemos fotos cerca de la orilla”
     - “Pa mi que si, mejor vamos saliendo”

Enfilamos la orilla y vamos regresando sobre nuestras rodadas, que sabemos que por aquí, no se nos van a enterrar las motos. Llegamos a la orilla, limpiamos un poco las motos, descansamos unos minutos mientras nos sacan unas fotos un grupo de turistas que quiere tener un recuerdo con dos motoristas de lejanas tierras.


Continuamos el camino y vemos un cartel que indica que la próxima población está a unos 27 kilómetros.

     - “Manuel… ¿Como vas de gasolina?”
     - “Esto dice que tengo para hacer unos 35km, paso a velocidad absurda…(60km/h)”


Vemos una gasolinera, pero está al otro lado de la especie de autovía por la que circulamos. Paro la moto en el arcén y la cruzo andando para preguntar si venden a los simples mortales. Pues no...seguimos igual que antes, esta ya es la 5 gasolinera que me dice lo mismo. Al menos me explica que la siguiente si hay gasolina para vehículos normales, así que nada, me vuelvo por donde he venido. Hay que mirar el lado bueno de las cosas, me libro de hacer una “pirula” en medio de esta carretera de 4 carriles, aunque claro, esas cosas para la gente de aquí sería de lo más normal. A unos pocos kilómetros, aparece mi salvación a modo de gasolinera.

Continuamos el viaje sin nada que destacar, hasta que enfilamos la carretera que nos lleva directos a Nevsehir. Como vamos con tiempo, decidimos desviarnos al pueblo de Derinkuyu, para ver su ciudad subterránea. 


Llegamos al lugar, nos bajamos de las motos mientras las vendedoras de los puestos quieren hacernos un buen precio por una muñeca horrible y unas piedras del lugar, decidimos mejor tomarnos un té, así que nos sentamos en el primer sitio que vemos, que está justo al lado de la moto y pedimos un par. En segundos nos lo sirven y el gerente del lugar, como es habitual, nos da conversación.... “de donde venís, a donde vais, en la moto hace calor, que si mi hermana que vive en Alemania me ha dicho que tienen una ola de calor y están a 40ºC, etc..”
Se despide de nosotros y el segundo té nos lo tomamos con mas tranquilidad.
Ya descansados nos dirigimos a la entrada de la ciudad subterránea, que esta a unos escasos metros.

Sacamos el ticket y entramos en la ciudad, hablamos con uno de los guardias y nos hará de guía y explicará todo por 10 libras turcas. Al menos sabremos lo que estamos viendo.

El acceso a algunas salas hay que hacerlo en cunclillas y Javi al ser mas alto que yo, tiene que ir con más cuidado para evitar ir dándose cabezos cada dos por tres (verás tu las agujetas que vamos a tener mañana). La ciudad subterránea es impresionante, solo de pensar que allí abajo han llegado a convivir en época de guerras miles de personas con sus animales (cabras,gallinas, vacas, caballos...). La verdad que es una visita que merece la pena.

Salimos ya por fin dirección a Nevsehir, al llegar, paramos en un supermercado y aprovechamos para comprar pan, fiambre, zumo, agua, frutos secos, refrescos y algo de fruta, unas cerezas y un melón. Nos han dicho que merece la pena hacer acampada libre en la Capadocia, así que esa será nuestra intención, así que tenemos que ir con provisiones. Repartimos las cosas entre las dos motos, el melón lo engancho en la red atando la bolsa y hacemos una porra para ver si el melón llega entero o no.  Miramos la hora y ya vamos mal, está atardeciendo y tenemos que tratar de acampar con luz, y aún tenemos que buscar un sitio. Salimos disparados.

Llegamos al pueblo de Goreme, centro de la Capadocia. Es una zona muy turística, con muchos hoteles, restaurantes y tiendas de recuerdos. Salimos del pueblo por unas de sus calles buscando un sitio donde acampar, avanzamos hacia las afueras pero la cosa no nos convence, así que volvemos sobre nuestros pasos y tomamos otra de las salidas. Vemos una pista de tierra, nos metemos pero lleva a una zona cortada, volvemos atrás. Al rato vemos otra, nos metemos por un carril que nos lleva a una pequeña explanada con un montón de chavales dando vueltas con “quads” vehículos y coches con las ventanillas bajadas con la música a todo trapo.... pues va a ser que aquí tampoco. A por otro intento...

Llevamos así un buen rato, sin encontrar nada, debemos alejarnos aún más del pueblo. Entre una cosa y otra, se nos ha hecho tarde y aunque hay luz, el sol acaba de ponerse. Ya la situación se ha complicado y tenemos que encontrar un lugar discreto donde acampar lo antes posible, vamos contra reloj.

Rodeando el pueblo observamos una pista ancha de arena suelta que se dirige hacia el interior de la zona rocosa, decidimos tomarla a a ver si tenemos suerte y nos lleva a algún sitio donde podamos plantar la tienda. Avanzamos un poco, vamos alejándonos del pueblo hasta llegar a una gran explanada, está demasiado a la vista y es demasiado grande como para acampar con discreción, así que continuamos por la pista.


Esta comienzan estrecharse y aparecen sembrados a ambos lados, tras recorrer un buen trozo y pasada una curva, vemos que hay una bifurcación donde sale una segunda pista mas pequeña, y por lo que se ve, está poco transitada. Decidimos jugárnosla y meternos por aquí, avanzamos unos 300 metros y vemos que se divide en dos y nos encontramos con el dilema... ¿a la derecha o a la izquierda?.

La derecha vemos que se dirige a una zona montañosa y de rocas, y la izquierda continua por los sembrados. Nos decidimos por la derecha, nos metemos por esta y a medida que avanzamos, se va estrechando y aumentando la hierva de altura hasta que, tras una curva desaparece entre unos peñascos.

     - “Pues no... va a ser que por aquí no se puede acampar”.
     - “Pfff.... menuda putada, ya casi no se ve”.


Damos la vuelta, regresamos sobre nuestros pasos y al llegar a la bifurcación, tomamos esta vez la pista de la izquierda. Ya la cosa se ha puesto seria, ha oscurecido completamente y solo vemos lo que nos permite las luces de la moto. La pista serpentea mucho, entre las curvas, la arena y el hecho de no tener visibilidad, vamos muy despacio. 
A través de los intercomunicadores nos vamos avisando de las raíces que sobresalen y agujeros en la pista.

Llegamos a una pequeña explanada, por lo que podemos ver con las luces de la moto y la linterna, parece un buen sitio, encendemos unos segundos las luces largas apuntando al fondo cada uno a una zona y vemos que estamos en un callejón sin salida, es un pequeño valle con forma de “C”, frente a nosotros tenemos un muro de piedras y montañas y el único acceso es por donde hemos entrado o por un pequeño hueco en uno de los laterales donde parece haber un estrecho camino entre la montaña. Pues nada, parece ser que, a lo tonto a lo tonto, hemos encontrado el lugar. Aquí plantaremos el campamento.

     - “Este es el sito Manué... este es el sitio”
     - “Al menos discreto es, aquí no creo que nos moleste nadie”
     -“Discreto total... con la que memos liado para llegar.”



Aparcamos las motos y nos aseguramos que están bien fijadas, para evitar sorpresas. Nos quitamos por fin el casco. Estamos empapados en sudor. Sacamos la bolsa estanca donde llevamos el material de acampada y antes de cambiarnos, montamos las tiendas. Personalmente estoy deseando quitarme la ropa de la moto y las botas, pero no me voy a poner a sacar ropa y bolsas sin tener la tienda colocada y a oscuras. Antes de todo, saco el frontal del topcase, lo enciendo pero solo dura unos segundos.

     -“Jooooder, con el traqueteo que llevamos de viaje, se ve que algo le ha dado al 
botón y se ha quedado encendido, gastando las pilas que me quedaban”. 

Abro la bolsa donde llevo la navaja, y las cuatro cosas de urgencia . En ese momento caigo: “al final se nos olvidó comprar pilas nuevas”. Cojo una linterna de estas de dinamo que siempre llevo por si acaso y le pregunto a Javi si aún le quedan pilas.

     - “Negativo, las puestas son las últimas....tenemos que comprar”

Como a dos metros tengo la moto, le doy al contacto y se enciende la luz, la tapo un poco con la chaqueta para que no “cante” demasiado nuestra posición y, con un mínimo de luz voy montando la tienda. Llegado este punto os puedo confirmar que montar una tienda de campaña, en plena noche, con la luz de una linterna de dinamo, que cada dos por tres tienes que estar girando la manivela para recargarla, es un auténtico coñazo. Menos mal que la tienda me la conozco de memoria y no tardo demasiado, al finalizar, apago el contacto de la moto.


Comienzan a escucharse ladridos cerca. El eco del lugar y el silencio de la noche hacen que nos imaginemos un pedazo de perro con grandes colmillos acercándose hacia nosotros con las fauces babeando.


     - "Manuel... que el perro no deja de ladrar”

     - "Pues yo paso de levantar el campamento, ya se irá o se callará…"

A los pocos minutos, el animal se ve que se aburrió o se marchó a otro lugar. Mientras hemos ido sacado la bolsa de la ropa y nos hemos cambiado poniéndonos más cómodos.

Comienza a bajar la temperatura y estamos sudados, así que comenzamos a enfriarnos. Decidimos hacer una fogata para calentarnos un poco y de paso, iluminar un poco esto, que solo tenemos el frontal de mi compañero y mi linterna de dinamo.




Nos metemos entre los árboles, cada uno por un lado, para buscar uno que esté seco, ambos con nuestras respectivas navajas en la mano (verás tu lo que nos vamos a reír como nos salga el perro u otro animal). Javi me avisa, a unos 20 metros ha encontrado uno. Entre los dos le quitamos la corteza seca al tronco, cortamos algunas ramas. Hacemos un par de viajes y apilamos las ramas cerca del campamento.

Quitamos los baúles a las motos, los utilizaremos de mesa y silla para cenar y descansar un rato. Mientras Javi va sacando las cosas para la cena (pan, fiambre, agua...), voy avivando el fuego hasta conseguir una “candela” en condiciones, no muy grande para no llamar la atención, pero lo suficiente para calentarnos un poco e iluminar el campamento. Nos sentamos cada uno en un baúl y nos vamos comiendo los bocadillos.

Llevaríamos ya 3 ó 4 bocados cuando de pronto, escuchamos: “Pum, pum... pum pum, pum, pum”. Se nos hiela la sangre, acaban de sonar primero 2 y después 4 disparos seguidos, el sonido proviene del camino por el que hemos venido, justo frente a nosotros. Javi y yo nos miramos unos segundos sin decir nada con los ojos como platos, hasta que mi compañero rompe el silencio.


     - “killooo... ¿será un cazador?
     - “¿Una noche sin luna y tantos disparos seguidos?... no se que decirte”
     - “¿Que hacemos?”
     - “No avives más el fuego y quita algunas ramas para no delatar que 
estamos aquí. Por cierto... ¿y mi navaja? Con tanto ir para arriba y para abajo no se donde la he soltado".
     - “Igual se te ha caído al venir con las ramas del árbol, o entre las cosas”

Busco la navaja pero no la encuentro. Bueno, ya mañana por la mañana con luz la buscaré mejor, seguro que se me ha caído entre las motos o las tiendas. Por si acaso, le pido a Javi su martillo de las piquetas de la tienda y lo dejo a mano, junto a baúl que me hace de silla.


Seguimos cenando con el modo de “alerta felina” en "ON". Sin hablar y pendientes de cualquier ruido que pueda surgir por la zona. Pasada unos veinte minutos, volvemos a escuchar: “Pum....pum...pum”, tres disparos, pero esta vez a nuestras espaldas.

     - “Ahora está detrás... ¿que hacemos?”
     - “Pues nada, seguir cenando... Si está detrás quiere decir que ha pasado 
a nuestra derecha o izquierda, por lo que seguramente ya nos ha visto. Si no ha pasado nada, ya no creo que pase. Igual es un cazador furtivo o verte a saber que. De todos modos si por lo que fuera, se nos acerca alguien con un arma, amablemente le ofrecemos comida y bebida, sin dejar de sonreír y que sea lo que Dios quiera. Por cierto, déjate la navaja abierta y a mano, que yo aquí al lado tengo el martillo por si acaso”.
         
Continuamos la cena con algo de tensión en el cuerpo, pero no recibimos visita alguna. De vez en cuando, se escuchaba el ruido de algún animal (suponemos) pasando a nuestro lado entre la vegetación. Alumbrábamos con la linterna pero no veíamos nada, incluso en una ocasión, los escuchamos algo mas cerca y nos acercamos hablando para espantarlo...

     - “Killo Javi, si escuchas un disparo y me ves caer a un lado, sal corriendo teniendo en cuenta que el tío estará en el lado contrario a donde haya caído”.
     - “ Manueee....vete a tomar por culo”.

Una vez pasado el susto y ya que, casualmente esta noche si es mi cumpleaños, decidimos tomarnos una copa. Sacamos un par de latas de refrescos que teníamos preparadas para esta noche, la cantimplora con el ron y ea... ¡¡viva la fiesta!! 


Una pena no tener hielo. Nos tomamos un par de copazos mientras dejamos que el fuego poco a poco se fuese consumiendo. Damos por concluida la jornada de hoy, así que recogemos las cosas, echamos los restos de comida lejos del campamento y terminamos de apagar la fogata pisándola, echándole tierra y agua. Una vez apagada, nos infiltramos cada uno en su tienda.
     
     - “Javi...si escuchamos algún ruido, roce en la tienda o lo que sea, que creas que pasa algo, pegamos un grito para que el otro se despierte y salga...eeeh”
     - “Vale, vale....yo por si acaso tengo la navaja junto a la puerta, quédate tú con el martillo”.



Pensábamos que con la tensión no íbamos a dormir, pero caímos redondos en cuestión de segundos.


“Shhhhhhhhhhuuuuuuuuu......shhhhuuuuuuuuu” suena un ruido como aire a presión y se escucha gente hablar. Abro los ojos sobresaltado, son las 5 de la mañana y ya es de día. Las voces se escuchan cada vez más cerca... ¿serán los del huerto que vienen a trabajar? Estarán hinchando un globo aquí al lado? Abro la tienda, asomo la cabeza miro al rededor y no veo nada, cuando de repente escucho sobre mi cabeza…
Nuestro despertador alejándose

-“GOOD MORNING..!!  WAKE UP...!!”

Miro hacia arriba y a escasos metros veo un globo aerostático cargado de gente sacándome fotos. El piloto del globo, se ve que es un cachondo y (el cabrón) lo ha bajado para despertarnos. Este momento pienso... que pena no tener una escopeta.
Aquí solo podía hacer una cosa, la única reacción lógica que se le pasa a uno por la cabeza cuando está recién levantado:

-“GOOD MORNING...!!  QUEREIS CAFÉ?”

En esto que sale Javi de la tienda: -“Killooo…¿un globo?, pensaba que había gente en las motos”.
Entablamos una conversación absurda de un par de minutos mientras los veíamos ascender, que si “buen parking para las motos”,  “buen sitio para dormir”, “ mi coche está allí abajo, luego lo traigo, aparco junto a las motos y nos tomamos un café....”

Asciende el globo, miramos a nuestra espalda, al camino, desde donde sigue escuchándose el   “sssshhuuuuuuuu” y nos llevamos la sorpresa, está el horizonte lleno de globos en el aire, nos subimos a una pequeña loma y vemos que a lo lejos están inflando un montón de globos. Se ve que la gran explanada que vimos ayer es donde preparan los globos que al amanecer recorren el cielo de la Capadocia. Hemos acampado justo en su zona de paso.



Javi  y yo nos miramos: -“sí que una zona discreta para acampar... eeeh. Tiene cojones la cosa”...
 JAJAJAJAJAJA


(Video Resumen del relato)





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lunes, 18 de abril de 2016

Destino Mármara 4 (Estambul)


El hotel tiene la fachada de madera bien conservada. Tienen pinta de viejuno. Lo que me gusta de la ciudad de Estambul, es que aún te puedes encontrar sitios como este, que te trasladan a la época dorada del Orient Expres.

Descargamos las motos y el recepcionista nos acompaña a la habitación que está al otro lado, Mientras pasamos el patio interior que tiene el establecimiento y nos va explicando donde se desayuna. Subimos por unas estrechas escaleras de madera y llegamos a nuestros aposentos. La habitación tiene una decoración clásica, casi de película de miedo. Paredes empapeladas, camas con el cabecero de madera acolchado, el armario y las mesitas de noche de madera, con su clásica lamparita, el suelo con moqueta que cruje al andar y la lampara principal, con sus lágrimas de cristal colgando. Todo esto contrasta con un baño moderno con focos en el techo y una amplia ducha con una mampara de cristal. 

Al no tener persianas y solo unas cortinas, al apagar la luz de la habitación se queda en penumbra con la luz que entra en la calle, dando la sensación que en cualquier momento, oiremos la puerta del baño abrirse y veremos aparecer el fantasma de la niña pálida chorreando sangre, con el pelo tapándole la cara y el oso de peluche en la mano.


Soltamos las cosas, nos pegamos una ducha y bajamos a cenar algo, son casi las 23h y a estas horas pocos sitios deben estar abiertos. Hablamos con el del hotel nos dice que a estas horas horas los restaurantes de la zona del barrio de Kumkapi (situado cerca del hotel)

Nos explica que tienen un convenio con uno de ellos y que, a parte de hacer un buen precio, viene un coche al hotel a recogerte, te lleva al sitio y después de cenar, te trae de vuelta al hotel gratis (si,si...vamos que ya te lo incluirán en el precio de la cena). Yo ya he estado anteriormente en esta ciudad y esa zona la conozco, está a un par de manzanas del hotel, es turística y mas cara que el resto, aunque se come muy bien y pasan muchos músicos callejeros por la zona tocando. Por las horas que son, decidimos aceptar la propuesta. Ademas, dentro de un par de días será mi cumpleaños y como, seguramente nos pillará en medio de la ruta (cualquiera sabe donde), hemos decidido que nos pegaremos un buen homenaje para celebrarlo por adelantado.

En unos minutos llega el coche, llegamos a estas calles y nos acompaña al local en cuestión. Pedimos un par de jarras grandes de cerveza y la comida: de primero 4 platos con entrantes y después una lubina para los dos. 
Si los entrantes ya estaban exquisitos ya la Lubina ni os cuento, fresca, fresca. Un homenaje en toda regla, la verdad.
Durante la cena estuvimos bastante entretenidos con los músicos del lugar. Estamos sentados en una terraza, en una de las 4 esquinas que tiene la plaza, todo está lleno de restaurantes. Frente a nosotros, a la derecha, hay un grupo de 5 músicos tocándole a una mesa.
Al rato, hace aparición otro grupo de músicos, que se coloca junto a las mesas de otro restaurante, frente a nosotros, a la izquierda, a escasos metros de estos y comienzan a tocar aún más fuerte. Los anteriores, como es lógico, comienzan a hacer lo mismo y aumentan el volumen y nada... allí estamos los dos gaditanos entre los dos fuegos, soportando el jaleo y viendo como ambos grupos lo estaban dando todo.
La situación es divertida pero después de 1 hora...tiene tela.


Una vez terminamos de cenar, con eso de ser mi cumpleaños, nos invita la casa a un postre típico y un par de chupitos de Raki (un licor turco). Después nos llevan en el coche de vuelta al hotel y antes de entrar, decidimos darnos un paseo por la zona para bajar la cena.

Cerca hay un pequeño parque y junto a este un par de bares donde hay un montón de mesas, todas llenas de gente (siempre hombres, mujeres no había ninguna en la calle) jugando como si no hubiese un mañana al “Rumikud”.

Encontramos abierto una especie de almacén donde venden de todo, pillamos unas latas frías de refrescos y nos volvemos al hotel. Ya en este, nos sentamos en las mesas del patio interior y bajamos de la habitación la botella de ron y junto al los refrescos, nos ponemos un par de vasos.

Javi deja sin darse cuenta la botella de ron en la mesa y al rato pasa el recepcionista, que estaba dándose una vuelta por el hotel, asustado diciéndonos que esta prohibido tomar alcohol en el hotel y que la gente no puede verlo, así que nada, nos lo tendremos que tomar en la habitación.


     - “Pues no hay que tener cuidado aquí para tomar algo ni ná, y eso que se supone que en la capital está mas o menor permitido”.

     - “Pero vamos...tu me dirás a las 2 de la madrugada, quien va a ver que estamos en el patio tomando una copa y que es ron lo que hay con el refresco”.
     - “Y los wevos... mira que dejarte la botella en lo alto de la mesa”.
     - “Jajajaja...yo que se, no me he dado cuenta”.

Pues nada, nos metemos en la habitación, terminamos las copas aquí y nos vamos a dormir. Espero que al apagar la luz, no se encienda sola la luz del baño y veamos en la puerta al fantasma de la niña. Afortunadamente esto no ocurrió o al menos, no me di cuenta, ya que caí en el momento.

Nos levantamos, desayunamos y comenzamos la jornada. Hoy le toca descanso a las motos, pasaremos el día haciendo turismo por la ciudad. En mi caso ya conozco la ciudad. Pero como Javi es la primera vez que la visita, le haré de guía turístico y lo llevaré a ver lo típico y algún que otro sitio mas particular que me conozco.
Salimos del hotel y callejeando nos vamos a ver una abarrotada Mezquita Azul pasando antes por la pequeña mezquita (casi sin público) y el Hipódromo. Al entrar en la mezquita Azul, al llevar Javi pantalón corto, se vio obligado a cubrirse las rodillas. 
De aquí fuimos a la Santa Sofía (también abarrotada de gente). Nos llama la atención como en la mezquita Azul, la entrada era gratis, y en la otra había que soltar pasta.

De aquí nos tomamos algo en un puesto callejero y nos fuimos a ver el Palacio de Topkapi, la Estación del Orient Express (no…no estaba el famoso tren), el bazar de las especies, queda pendiente la visita al Gran Bazar (es domingo y está cerrado). Personalmente Estambul es una ciudad que siempre me ha atraído y en la que me gusta callejear y perderme, pero no os contaré nada, ni historias de la ciudad, ni fechas, ni datos de interés, ni ná de ná, ya que no somos una guía turística. Para eso ya tenéis en internet blog y vídeos de viajeros de esos de verdad.

Aprovechamos para comer en un sitio local. Callejeamos por las calles viendo los "variopintos" puestos (ropa, especies, ropa interior, té, frutos secos, chilabas, cuero, armas…). Ya un poco cansados del día que llevamos nos tomamos un té en un sitio que personalmente me gusta mucho (el té de limón que hacen aquí está buenísimo). Descansamos un poco mientras caen un par de vasos de té y una cachimba. Ya entrada la tarde continuamos con el paseo y aprovechamos para cambiar dinero.

El Már de Marmara (nosotros en la parte Europea y al fondo la parte asiática de la ciudad)


Regresamos al hotel, una ducha y nos bajamos a cenar algo por los alrededores. El sitio elegido es un pequeño bar donde nos tomamos un kebak y algo de beber, cenando los dos por poco menos de 9 euros al cambio. Al volver al hotel, paramos en el almacén donde anoche compramos los refrescos para hacer la misma operación y de paso, pillar una bolsa variada de delicias turcas.

Ya el el hotel, entramos en la habitación y notamos un fuerte olor a ambientador. Se ve que a la limpiadora no le ha gustado el pestazo de las botas y ropa de la moto (que dejamos ventilando en el baño y ha gastado un bote entero para tratar de purificar el ambiente... jajaja)


Nos tomamos tomamos la copa en la habitación con unos frutos secos y unas delicias turcas y a dormir. 

No… tampoco se nos apareció el espíritu de la niña.